sábado, 9 de marzo de 2013

Asumiendo responsabilidades


Cada día se producen en nuestro país cientos de desahucios. Cientos de familias que pierden su hogar y se encuentran cara a cara con el miedo y la incertidumbre de no saber cómo van a hacer frente al día a día. Un drama social intolerable para el que deberíamos ser capaces de encontrar una solución inmediata.


Políticos corruptos, organismos que no han ejercido el control que deberían, bancos y cajas mal gestionados a los que hay que rescatar con dinero público, el monstruo del sistema en sí mismo. Los culpables están ahí. Pero ¿y nosotros? ¿Acaso no hemos participado también en el juego? ¿No nos parecía aceptable e incluso divertido mientras teníamos buenas cartas, sin advertir que las suyas estaban marcadas? ¿No tenemos también nuestra parte de culpa? Nos dejamos embaucar por esos cantos de sirena que lo hacían todo tan fácil y nos proporcionaban una vida aparentemente plena, feliz y segura.

Hipotecas a eternos y casi inalcanzables treinta, treinta y cinco y cuarenta años, un bungalow mejor que un pisito de segunda mano, ampliaciones de hipoteca para reformar la cocina, amueblar la casa de arriba a abajo o “tapar agujeros”, padres que avalan a sus hijos poniendo en juego lo poco o lo mucho que han conseguido a lo largo de su vida a base de trabajo y sacrificio. Sueldos dedicados íntegramente a pagos, tarjetas de crédito al rojo vivo, préstamos personales para esa operación de cirugía estética que tanto se necesitaba, comprar la tele de plasma, un coche nuevo que probablemente no hacía falta o pagar las vacaciones de verano. No nos privamos de nada y nos autoconvencimos de que lo necesitábamos y de que además lo merecíamos. Nos dedicamos a vivir al día, empapándonos del “porque yo lo valgo”, enloqueciendo hasta perder la perspectiva en medio del paroxismo consumista que nos rodea.

¿Qué pensábamos? ¿Que nunca iba a cambiar nada? ¿Que la olla a presión en la que vivíamos confinados jamás iba a estallar? ¿Cómo pudimos estar tan ciegos? ¿Cómo podemos continuar tan ciegos? Somos el eslabón débil de la cadena y por eso es cierto que ahora, injustamente, sólo nosotros sufrimos las consecuencias. Rebelémonos, luchemos para salir de esta situación, encontremos soluciones, exijamos derechos…pero aceptemos responsabilidades. Es fácil y liberador culpar al mundo de nuestras miserias para así evitar cuestionarnos a nosotros mismos.

Esto que nos está pasando también es culpa nuestra, también es nuestra responsabilidad. Aprendamos de nuestros errores o todo habrá sido en vano.